Esta
anécdota, ocurrió un día de carnaval del mes de febrero de 1999 a una familia
de Valledupar. Hay quienes en esos días suelen disfrazarse creativamente
alusivo al carnaval, unos utilizan muchos colores y a otros les basta con sólo
pintarse la piel de negro para imitar a los congos africanos con sus bailes y
morisquetas, algunos de éstos son los personajes de esta historia.
La
señora Carmen y su empleada estaban entretenidas en esos dias con el nuevo bebé
de la familia y con los quehaceres de la casa, muy poco salían a la calle ni
veían noticias últimamente. Ese día, de repente entraron a la casa dos hombres
carnestoléndicos con flechas y con todo el cuerpo pintado de negro, la señora
Carmen al verlos y sin fijarse bien en el disfraz, lo primero que pensó fue: ¡me
van a atracar!, rápidamente le dio un vistazo al machete para defenderse pero
no lo pudo alcanzar, entonces impulsivamente le suplicó a los hombres que no le
hicieran nada: -¡llévense lo que quieran!- les dijo de los nervios que tenía,
incluso llegó a arrodillarse ante quienes para ellas les querían hacer daño y
que realmente resultarían más sorprendidos al ver cómo las mujeres corrieron a
esconderse debajo el mesón de la cocina para huir de sus flechas.
Los
hombres, al analizar que las amas de casa estaban confundidas, salieron de la
casa ‘muertos de la risa’, entonces la señora Carmen y su empleada cayeron en
la cuenta de que sólo eran un par de hombres disfrazados de negros africanos
que andaban por las calles bailando y entreteniendo a la gente al mejor estilo
de los congos. Desde entonces Carmen y su empleada no olvidan que en febrero se
celebra el carnaval, tanto en Barranquilla como en otras ciudades de Colombia que
han adoptado también esta tradición.
Sindy
Ramírez C.

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